Falta de modelo de negocios, el talón de Aquiles del emprendimiento social en Chile

Sexto lugar en el mundo entre los mejores países para el emprendimiento social, según un estudio de Thomson Reuters, y el puesto 18 entre 45 países en el Social Innovation Index.

Esas son algunas de las credenciales que tiene Chile en materia de innovación social, un área en la que ha logrado convertirse en líder latinoamericano, gracias a proyectos como Karün, Lab4U, Destacame.cl o Algramo.

“El emprendimiento social en Chile ha evolucionado y está en una etapa de consolidación y madurez, tras pasar una primera fase introductoria de ideas e inspiración.

Creo que hemos avanzado mucho en la promoción de un cambio cultural, que es la etapa de creación de masa crítica, algo que ya es un hecho”, comenta Jonathan Herzfeld, director del Festival Internacional de Innovación Social (fiiS), que este año se desarrollará entre el 5 y el 8 de diciembre.En una senda similar, Cristián Figueroa, director de Responsabilidad Pública e Innovación Social de la UDD, opina que hoy existe una especie de innovación social 2.0, que busca con mayor fuerza integrarse y apalancarse en todos los espacios.

“Está en un proceso de identificar lo que existe y luego ver cómo transformarlo en algo más innovador, buscando fortalecer su impacto social”, asegura Figueroa, explicando que, por otra parte, los principales actores de ecosistema, como universidades, gobierno e incubadoras, se encuentran en proceso de colaboración, en proyectos y mejores prácticas.En términos de problemáticas que resuelven, Figueroa explica que el emprendimiento social en Chile está enfocado en temas locales, en el ámbito de la educación, desarrollo económico local, turismo, sustentabilidad y salud.A ojos de José Manuel Moller, fundador de Algramo, el ecosistema de innovación social está en etapa de validación, puesto que ya se generó el interés y empuje inicial, pero aún faltan validaciones en cuanto a la viabilidad comercial de las propuestas.

“Cuesta encontrar casos de éxito, porque la madurez de un negocio que está tratando de equilibrar lo económico con lo social y medioambiental requiere de más tiempo, esfuerzo e inteligencia por parte de los emprendedores”, dice.En su caso, cuenta que los principales obstáculos a los que se han ido enfrentando, han cambiado según el tamaño de la operación de Algramo.

“En un comienzo era la validación por parte de los almaceneros, luego fue el sistema de validación y la logística.

Hoy, la tarea es consolidar la relación con los proveedores y negociadores.

Pero la clave es tomarlos como desafíos y no como obstáculos”, recomienda Moller.Visión de negociosRocío Fonseca, directora ejecutiva de Start-Up Chile, está convencida de que el país es puntero de la materia a nivel latinoamericano, pero opina que ahora el desafío es saber capitalizar las oportunidades y generar emprendimientos sustentables.

“Muchas veces, el perfil del emprendedor es tan social que dejan de lado la visión de negocio, motivo por el cual no logran ser rentables ni escalar.

Soy una convencida de que se puede ganar dinero y tener una base social, pero es clave que el emprendedor trabaje en su modelo de negocio desde el primer día”, sostiene.Cristián Figueroa cree que, además de demostrar sustentabilidad económica, es necesario también que los emprendimientos demuestren el impacto social que buscaban tener.

“Este último punto tiene que ver con la baja adopción de herramientas de medición de impacto o herramientas generadas por las mismas empresas de manera ad hoc “, dice.Por su parte, el director del fiiS comenta que el emprendimiento social ha estado muy concentrado en demostrar cuál es su ayuda a la sociedad o al mundo, y ha descuidado el modelo económico que lo acompaña.

“Creo que recién ahora, en esta etapa de consolidación y madurez que ha alcanzado el ecosistema de innovación y emprendimiento, a los emprendedores se les está exigiendo un buen modelo de negocios que acompañe sus proyectos”, asegura.Así, avanzando y con enormes desafíos por delante, el futuro de la innovación social en Chile se ve promisorio.

“Como generación de emprendedores sociales tenemos una responsabilidad con el mensaje que hemos estado empujando.

Me imagino que hay proyectos que van a crecer y se van a fortalecer, y otros que se van a quedar en el camino”, dice José Manuel Moller, quien apunta a que el éxito de los proyectos va a depender de la existencia de fondos de inversión que busquen apoyar a empresas sociales como FIS de Ameris.Una postura similar es la de Rocío Fonseca, quien cree que en paralelo a todo el apoyo de fondos públicos, se hace muy necesario potenciar la filantropía y los fondos de venture capital social.

“Que las empresas en su estrategia de Creación de Valor Compartido o RSE incluyan trabajar con emprendimientos sociales”, recomienda.

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